Alimentación sostenible: del plato al planeta

¿Por qué van a encontrar recetas basadas en plantas en mi blog? La historia es larga, pero voy a intentar resumirla. Mi camino hacia una vida más sustentable se vió atravesado desde sus inicios por la intención de tener un impacto menor en el planeta. Mientras buscaba información sobre el movimiento basura cero, allá por el 2017, encontré un gráfico que comparaba el impacto de las acciones individuales:

Uno de los datos que más me voló la cabeza fue que dentro de las acciones individuales que podemos hacer para disminuir nuestra huella de carbono y, por ende, reducir nuestro efecto en la crisis climática, una de las de más alto impacto era llevar una alimentación basada en plantas.

Tal vez si me siguen desde hace mucho esto no les parecerá nuevo, pero para la Manu del 2017, esto era una revelación. Hasta entonces solo conocía las tres Rs (reducir, reutilizar, reciclar), usaba mis bolsas de tela y mi botella reutilizable. Entendía que había que cuidar el agua entonces me bañaba rápido y cerraba la canilla al cepillarme los dientes. Pero, a medida que me adentraba más en el tema, me di cuenta de que algunas de las acciones más significativas que podemos tomar no siempre son las más obvias

Mis primeros experimentos plant-based en 2018. No se ve muy apetitoso, pero fui aprendiendo. Lo juro.

La elección de aquello que ponemos en nuestro plato es muy poderosa. Un ejemplo del impacto que puede tener nuestra alimentación es su huella hídrica, o la cantidad de agua que se necesita para producir cada alimento. Según la FAO, cada kilo de carne requiere 15.000 litros de agua en su producción comparados con los 1.500 que lleva producir un kilo de granos. Algo similar pasa con los lácteos: se estima que se necesitan entre 600 y 1000 litros de agua para producir un litro de leche vacuna, cuando algunas bebidas vegetales como la de avena o la de soja requieren mucho desde 28 litros de agua por litro. Incluso la que más agua requiere, que es la de almendras, sigue estando muy por debajo de la animal: 400 litros. Podría darles más números relacionados con la huella de carbono (emisiones de gases efecto invernadero) o la huella terrestre (cuánto espacio terrestre y marino se necesita para producir el producto), pero pueden ver estas comparaciones en el sitio de Our World in Data. Acá les dejo un ejemplo:

Se necesitan 326,21 m2 para un kilo de carne vacuna (beef) y tan solo 3,52 m2 (SÍ, TRES Y MEDIO) para un kilo de tofu. 

A veces es fácil quedarse en la inacción porque sentimos que nuestro aporte es insignificante, pero si te gustan los números, te invito a usar el sitio web Vegan Calculator, donde podemos calcular nuestro impacto en relación a varios factores, como por ejemplo cuántos de litros de agua ahorramos o cuántos metros cuadrados de bosque salvamos al no consumir productos de origen animal. Acá pueden ver mis resultados:

Después de más de 6 años de llevar una alimentación mayoritariamente plantbased, salvé:

  • 9,743,526 litros de agua
  • 42.354 kilos de granos
  • 6.552 m2 de bosque
  • 21.294 kg de CO2 
  • 2.340 vidas animales

Aunque estos datos pueden parecer abrumadores, hacer cambios no tiene por qué ser complicado. Si te preguntás cómo empezar a incorporar prácticas más sostenibles en tu alimentación, acá te dejo cinco consejos sencillos para ayudarte a comenzar tu camino

  1. Empezá por incorporar más plantas en tu alimentación: priorizá frutas, verduras, semillas, frutos secos, legumbres y cereales. Esa tiene que ser la base del plato de cada día.
  2. Organizate y cociná más para evitar ultraprocesados y el desperdicio de alimentos. Tu cuerpo y tu bolsillo te lo van a agradecer, además del planeta. 
  3. Dentro de tus posibilidades, consumí productos locales, de estación y orgánicos o agroecológicos.
  4. Informate, porque la soberanía alimentaria viene de la mano de la información, y para ser consumidores responsables, tenemos que ser consumidores informadxs. 
  5. Disfrutá del proceso. No tiene que ser un castigo. Empezá a seguir cuentas con recetas fáciles, descubrí nuevos sabores y abrite a las nuevas posibilidades basadas en plantas que, por suerte, cada vez son más. ¿Ya pasaste por mi cuenta de instagram?

Al reflexionar sobre mi recorrido, sé que la perfección no es el objetivo, sino el progreso. Se trata de tomar decisiones que se alineen con nuestros valores y contribuyan a un futuro mejor para nuestro planeta. Sé que comiendo un día lentejas no voy a salvar al mundo, pero…si puedo dejar de contribuir al problema, ¿por qué no habría de hacerlo? Les invito a intentarlo, les juro que no hay vuelta atrás. 

Referencias

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